Llegué a las clases de danza y alineamiento personalmente buscando una disciplina, una estructura dentro de la libertad del ritmo, algo que me contuviera. Pero encontré en este trabajo la importancia de 'soltar'. Me refiero a esa sensación dual entre relajar la mente y el cuerpo, pero a la vez sin que esto no signifique un abandono. En los ejercicios uno va entendiendo cómo dirigir la fuerza de tal manera que no sea una fuerza bruta, que en definitiva es mucha más fuerza de la que se necesita.
Tomé el Seminario Naturaleza de la Fuerza en el Cuerpo y la Danza en enero del 2010. Era un momento muy especial, ya que llevaba un año estudiando en el Taller de Danza del Teatro San Martín, al cual había ingresado con muy poca formación previa.
Conocí el trabajo de alineación en el otoño de 2012, a raíz de una lesión en mi rodilla derecha. Mi lesión se manifestó durante el entrenamiento de distintas prácticas corporales como el chi kung, el yoga, y la danza. Tras un proceso de gran inflamación, había lesionado mi membrana articular, con un consecuente derrame de líquido sinovial.
Este trabajo me habilitó fundamentalmente la paciencia conmigo misma. Yo venía con una historia de postura corregida, con un trabajo hecho sobre mi escoliosis- que me provocaba graves problemas a nivel dorsal, lumbar, etc.-. Pero lo había trabajo más en base a la fuerza de la corrección (desde una concepción un poco más consciente y dirigida). Con este trabajo tuve que, primero, "dejar manifestarse" a mi cuerpo, relajar, conectar lugares que ni sabía que existían y sobre los que nunca había trabajado, para así reordenar en función de la particularidad de mi cuerpo, mi dolencia y mi futuro bienestar. Me permitió entender mis problemas posturales como funcionales a mi tipo de trabajo, mi estructura mental, mi relación con el entorno (laboral, familiar, etc.) es decir como un resultado de interrelaciones y actitudes, más que como un problema estructural en sí mismo (más allá de la obvia carga genética o "forma" del cuerpo). En mi situación particular, pude dejar de tener dolores lumbares que, pese a estar trabajando la postura con la técnica de barre à terre desde hacía años, no podía evitar; y un dolor muy punzante en la rodilla derecha para el cual me habían diagnosticado dos traumatólogos un problema con los meniscos y estuve haciendo meses de kinesiología sin ningún resultado. Ahora, desde hace años, y luego del trabajo con Roxana, no lo tengo más. Además puedo estar parada mucho tiempo sin cansarme las piernas, ni descaderar y hacer movimientos con la cadera para "acomodarme" en la postura rígida.
El trabajo me convocó a intervenir y agudizar mi propia percepción. Llevando la atención al cómo me encuentro en cada presente, comencé a saborear conscientemente, la manera en la cual conozco o comprendo, en este hoy, mi cuerpo, el ser, las influencias del entorno, los otros y los modos en que estas realidades se relacionan entre sí atravesándome.
Desde los 15 años hasta los 21, me acompañaron distintas lesiones crónicas en las rodillas y columna. En una primera etapa, cuando remaba en competencias de alto rendimiento y luego, cuando me formaba como bailarín en danza contemporánea. A los 20, llegué al extremo de no poder caminar más de 5 cuadras sin tener que sentarme en donde esté, para descansar del dolor que en realidad no se iba nunca.
Nací con espina bífida en la quinta vértebra lumbar, lo cual, hasta donde tengo entendido, dio lugar a mi escoliosis. Me la detectaron cuando estaba en la escuela primaria y mi mamá me llevó al traumatólogo porque me veía siempre muy “torcida” y me dolía el cuello y la espalda. Después de varias placas me dijeron que tenía escoliosis, híper-lordosis lumbar y cifosis cervical; todas las curvas “normales” las tenía invertidas.
Este trabajo es para mí un abrazo -y pocas cosas tan redondas y curvas como un abrazo-. Un primer abrazo o un abrazo de reencuentro, si no son la misma cosa.
Conocí la labor de Roxana a mediados del año 2009 y tomé sus clases regulares hasta mediados del 2012. En los inicios tenía 24 años. y diagnosticada desde los 17 años escoliosis dorsolumbar. En el 2009 la medición de la curva era de 38/40 grados aprox. y me atendía desde hacía unos 4 años cada 15 días con osteopatía, RPG, kiropraxia, para acompañar los dolores e incomodidades físicas que sentía.
Me inicié en el mundo de la danza prácticamente antes de tener uso de razón. Desde muy pequeña siempre supe que quería bailar; como tenía mucha elasticidad parecía que tenía condiciones. Hasta que llegaron las esperadas zapatillas de punta. Me esforzaba y entrenaba cada vez más pero vivía con problemas: dolores de rodilla, cintura, tendinitis en los tobillos, graves contracturas cervicales y dorsales, etc. Vivía en el kinesiólogo y lo peor de todo es que para todo el mundo eso era “normal”.
El camino que inicié hace muchos años a través de lo corporal, como una búsqueda, se iluminó en el encuentro con Roxana, su trabajo minucioso y poético, en las clases y talleres me guió para encontrar la información y profundidad necesaria para explorar, rescatar y descubrir mis propias herramientas para el movimiento; Salir de lugares conocidos, cómodos, habituales para tener en cuenta algo más amplio, que lo incluía todo; a mí, con mi mundo interno, mis emociones, recuerdos, todo mi cuerpo disponible, atento para desplegar y expresar; el modo de interactuar con otros, con el espacio, fue un gran descubrimiento, una experiencia muy completa que me permitió observar y habitar el movimiento, un nuevo abordaje, una nueva forma de moverme, de bailar, de estar, de percibirme en el mundo.
Respiro hondo y acá estoy, recorridos casi tres años desde que me implique en esta práctica, miro hacia atrás y me asombro, me emociona el proceso, me emociona el profundo cambio en la forma de usar y pensar mi cuerpo, que concuerda con el cambio físico, visible.
Conocí la propuesta de trabajo a través de una búsqueda personal, tenía grandes expectativas de tomar clases de danza clásica, cosa que venía haciendo hacía dos años, pero tenía mucho dolor en mis rodillas, particularmente en la pata de ganso. También, venía tomando clases de otros estilos de danza, como contemporánea, danza jazz y hacía tres años que venía bailando murga. En ese contexto llegué a Espacio Azur. Cuando entré me encontré con un espacio súper agradable, hogareño, distinto a todos los espacios/escuelas de danza por las que había transitado.
Fue una gran felicidad y un gran descanso (tanto físico como emocional) encontrar un espacio donde el cuerpo era respetado y querido en su integridad. Abrazándonos