Del anhelo de unidad a su amable certeza
1 de enero de 2015
Conocí el trabajo de alineación en el otoño de 2012, a raíz de una lesión en mi rodilla derecha. Mi lesión se manifestó durante el entrenamiento de distintas prácticas corporales como el chi kung, el yoga, y la danza. Tras un proceso de gran inflamación, había lesionado mi membrana articular, con un consecuente derrame de líquido sinovial.
Cada vez que volvía a reiniciar algún entrenamiento que involucrase el uso de mi cuerpo, el dolor y la inflamación reaparecen. Por paradójico o no que parezca ser, tanto las prácticas de chi kung terapéutico como incluso de yogaterapia, me devolvía el mismo camino, por así decirlo, cíclicamente; en cuanto incrementaba mínimamente la intensidad del entrenamiento, mi dolor articular en la rodilla retornaba. Con evidencia, algo, alguna pauta de movimiento, de interpretación, o de ejecución, estaba, allende mis intenciones, reiterando en mí esos resultados. Y así, pese al propósito curativo y unificador que, como pauta general, tienen tanto el yoga como el chi kung, en mi experiencia no lograba hallar la manera de practicarlos o incorporarlos de modo que me brindaran la resolución que necesitaba mi salud, manifestada muy concretamente en mi cuerpo. Lo mismo me ocurría si intentaba retomar las clases de danza, o bien cualquier ejercitación con involucramiento físico, tal como el simple correr.
Luego de casi dos años de variada búsqueda, a diferentes niveles, para hallar una guía que me condujera hacia mi curación, conocí a Roxana Galand, en el Espacio Azur, en Colegiales. Le conté la situación, conversamos, y comenzamos a trabajar.
La clara manera en que, con este método, se comprenden las pautas del movimiento real en el cuerpo, permitió que en muy pocas clases se evidenciaran cuáles eran las principales pautas de mi hacer, y los principales sistemas de relación, que me conducían recurrentemente a la lesión de mi rodilla. Al partir de una cabal mirada de la totalidad específica de mi cuerpo y al trabajar en ella teniendo presente de manera prioritaria la interrelación de las distintas áreas de movimiento, de los distintos tejidos, de los distintos sentidos que mis sistemas conjugaban en el funcionamiento del cuerpo como un todo, este trabajo de alineación me permitió poner en estudio, en autoinvestigación, y consecuentemente en transformación, mi salud.
De esa manera, a través de la recuperación de mi salud física, fui viviendo un proceso de recuperación de mi salud integral. Pues el trabajo no sólo intervenía mis sistema osteoarticular y el muscular, sino también globalmente mi sistema nervioso y sus directas derivaciones respiratorias, endocrinas, psíquicas, y cognitivas. Gradualmente fui recuperando libertades de movimiento en áreas que estaban semi bloqueadas, poco utilizadas, y por eso debilitadas, o bien sobreexigidas; descubriendo cuáles eran en el circuito de movimiento y postura general de mi cuerpo, los lugares de obstrucciones y fugas de fuerzas, así como los hábitos que compensaban distintos desequilibrios.
En particular, me ayudó a ver que en la dolencia de mi rodilla se hallaban físicamente implicados los apoyos de mis pies y en general los movimientos de mis tobillos, mis caderas, mi pelvis y mi diafragma, por nombrar sólo algunos focos principales. Y que sería trabajando el conjunto de estas partes en relación, y su relación recíproca, que podría intervenir de un modo liberador y curativo en el área de mis rodillas. Y que a su vez, la compensación y sobrecarga que mis rodillas estaban ejerciendo en el juego de la totalidad, estaba actuando visiblemente en mi propia postura al permanecer de pie, estar sentado y también al caminar; bastaba que alguna de estas simples actividades se prolongara en el tiempo o se profundizara en intensidad para que la compensación y consecuente sobrecarga se magnificaran y entonces el dolor reapareciera. Así, este trabajo me puso frente a la saludable necesidad de un reaprendizaje. De un reaprendizaje en el caminar, en el hacer, en el movimiento, incluso en el simple estar.
A diferencia de otros trabajos previos en los que también se enfoca la atención en la conciencia corporal, en la relación de las partes de nuestro cuerpo como un todo en unidad, puedo decir que con esta práctica esa anhelada búsqueda de integridad, salud y armonía se fue transformando de ansioso deseo a una manera concreta de hacerlo, a un gradual entendimiento de cómo eso puede hacerse verdad; de un fragmentario anhelo a una patente posibilidad traducida en la verdad material del tiempo, sostenible, orgánica, recreadora; a través de un lenguaje y una composición de trabajo realmente abarcador, conscientemente sensible, contemplante y con la amplitud pedagógica e investigativa fundamental y necesaria para la comprensión verdaderamente integral de los cuerpos.
Siendo esa amplitud la base y condición para un abordaje real. Menciono términos como real, verdadero, concreto, pues si algo sentí desde los inicios de la llegada de este trabajo a mi vida, mientras lo fui practicando, fue la certeza, la evidencia sin pliegues de la certeza, de que haciéndolo me iba a curar, me iba curando. Me iba a curar mi rodilla, me estaba curando yo. Algo muy hondo en mí y muy simple a la vez, sabía esto, comprendía la radicalidad única de ese proceso que es curarse, que es ir estando más sano, ir siéndolo.
A partir de la práctica de este trabajo mi cuerpo se alivió profundamente, mis relaciones propias e interpersonales se tornaron más amables, mejoraron; mejoró mi descanso, mi actividad, se fueron también equilibrando mis proyectos y mi alimentación. Se equilibraron mi voluntad y mi percepción, tanto interna como exteriormente. Considero que me puso en real contacto, a un nivel sutil y finamente objetivo, con la disposición actual de la naturaleza en mi cuerpo y con la proyección actual de mi cuerpo en la naturaleza.
Me recordó que la profunda inteligencia que me recorre y constituye como ser vivo tiene una naturaleza, un diseño y un tiempo que es preciso escuchar y atender; me permitió escucharme, recordarme, reconocerme y vivirme, como experiencia viva.
Este trabajo me habilitó posibilidades. Multiplicó, liberó y reanimó, mi ser en el mundo. Reconociendo el cambio en lo natural, recuperando lo natural en el cambio. Afinando las diversas dimensiones de la sensibilidad en mí, cultivando la verdadera intuición interna, allí, en la entera escucha. El permitirle ser en mí me fue abriendo un nuevo encuentro hacia lo propio, renovando mi vivencia, mi mirada, mi experiencia y mi conciencia de totalidad, de ser de relación, de ser cuerpo abierto, vivo y en movimiento perpetuo, externo e interno, de ser en un vivir de hermosas leyes; re-equilibró la percepción de cómo es que la vida habita en mí y cómo que yo habito en ella, revelándome una vez más la prioridad de la vincularidad y del modo de la relación, que obra en nuestro habitar, en nuestro hacer, en nuestro sentirnos y en nuestro pensarnos. ¿Cómo?
Poniéndome fina, sensible y compasivamente ante mi verdad, ante los lugares reales de mis hábitos, ante mis propias pautas de interpretación, valoración y ejecución, ante el tejido real de los ciclos, y ante las enormes posibilidades que estos abren si uno hilvana la sonrisa, y la paciencia; ante las verdades de los tiempos de cada aspecto de lo experimentado, grabados y vivientes en mí; ante la necesidad de la atención, ante la flor del respeto. Siento que este trabajo en sí mismo habilita, por incluir entre sus principios la comprensión presente de la vida, en las vidas que toca, en los cuerpos que ve y explora; y que por sí mismo habilita, pues juega este verbo, habilitar (habilitar), como lugar fundante del posible cambio, del posible giro en el movimiento, de la deseada intervención del ahora. En ello, lo recibo en tanto investigación activa; en esa manera, como metodología dinámica. Y veo que si esto es, esto hace en quien lo practica. Permite y a la vez, conduce a permitir. ¿A qué? a que aquello se exprese. Aquello, lo que está sucediendo, o bien aquello que aun no pudo expresarse. Me ayudó a recordar que lo que es pulso de origen en toda vivencia o acción, deviene resultado, que la simiente también se hace en la decantación. Es decir, conocer, recordar las réplicas, los efectos, las amplificaciones. Intuyo que por eso, trabaja en abierto.
Intentando aprender esto, no tanto en la reiteración de la clásica lógica dual, bidimensional, de causa y efecto, sino más bien en una cosmografía del cuerpo como proceso; no en un afuera de toda causalidad y efectualidad, sino en una causalidad comprendida, puesta en relación, y que se juega en la multidimensionalidad que todo tejido y movimiento tienen, ayudándome a entender esa dimensionalidad múltiple en cada circuito espacial, y en todo proceso temporal.
Me habilitó esa experiencia, dándome en simultáneo un claro panorama de herramientas amorosas, poniéndome en contacto con un hacedor de inocencia, con una continua testificación de belleza, con un gradual crecimiento en la inmensidad y también con una semiótica de lo vivo. ¿Cómo? Trayendo al diálogo del trabajo presente la presencia continua de la tierra, de las líneas de fuerza del abierto espacio, de la afluencia e influencia constante del despliegue de la gravedad. Produjo en mí movimientos (aun abiertos, aun inacabados) que re-habilitaron en el simple ámbito de mi vida nociones-vivencias de renovación, de respiración, de revisión amplia, paciente, precisa, de aquellos lineamientos que en todo orden, atravesaban y atraviesan mi ser. Y digo mi ser como para escoger un nombre que indique hacia mi totalidad, algo que evoque mi cuerpo, mis sistemas, orgánicos e inorgánicos, mis tejidos físicos, corporales, sutiles, y a la vez que evoque, las razones de mis pautas, de mis modos de ser, de hacer, de estar, y vivir; en suma, algo que posibilite evocarme de verdad.
Eso siento del trabajo de alineamiento, de este vivo estudio de nuestra naturaleza, de su exquisita sensibilidad transformadora, que es realinearnos con nuestra verdad. Así entonces, trabaja para todos, y así, trabaja para cada uno. En lo personal, me devolvió la amabilidad en la tarea, en las sendas elegidas; me habilitó a la salud, al despejarme de apuros, de pre-condiciones, y de tantas índoles y pre-tensiones. Me habilitó a un contacto más contemplativo con las múltiples fuerzas de la experiencia, a lo bello de necesitar re-conocerlas antes de "querer hacer algo" con ellas. Me ayudó a disolverme de suposiciones y a trabajar, conociendo, nuestra naturaleza.
Galand, Roxana. (2015). Huellas de otras danzas (testimonios de alumnos). En Naturaleza de la fuerza en el cuerpo y la danza

