Nada es igual después
1 de enero de 2015
Conocí la propuesta de trabajo a través de una búsqueda personal, tenía grandes expectativas de tomar clases de danza clásica, cosa que venía haciendo hacía dos años, pero tenía mucho dolor en mis rodillas, particularmente en la pata de ganso. También, venía tomando clases de otros estilos de danza, como contemporánea, danza jazz y hacía tres años que venía bailando murga. En ese contexto llegué a Espacio Azur. Cuando entré me encontré con un espacio súper agradable, hogareño, distinto a todos los espacios/escuelas de danza por las que había transitado.
Si bien, hacía años que bailaba, venía de otra metodología de enseñanza en la danza, donde todo pasaba por copiar, por la forma, por llegar a un lugar. Comencé tomando solo clases de clásico, sin tener intenciones de pasar por alineación, hasta que empecé a intuir que el proceso de aprendizaje iba a ser mucho más enriquecedor, más integral si era acompañado por las clases de alineación. Hasta ahí, poco comprendía de mi estadía en ese espacio, pero algo muy interno me pedía quedarme, estar, confiar. Cuando comencé alineación algo empezó a despertarse, muy lentamente empezó a surgir algo muy vinculado a la autopercepción, sucesos de sensaciones desconocidas para mí, inexplicables, incomprensibles, pero muy vivos, muy presentes. Las consignas eran algo súper desconocido hasta ese entonces, la idea de “dos a la vez”, de “manzana”, del peinar con los pies, peinar perineo, de estar, de buscar por dentro, casi bucearse.
Yo venía de la escuela donde las respuestas se buscan por fuera. Llegué tensa, con dolor de rodillas, con híper extensión de brazos, muchos puntos de fuga, mi cuerpo disociado. De a poco, muy de a poco, empecé a entrar, comencé a comprender que la propuesta de trabajo estaba vinculada a la red, al cuerpo en red, sus órganos, músculos, tendones, la piel. Los cuerpos en red, en sintonía. Todo se ve afectado cuando algo se afecta. Mediante ejercicios como caminar o rolar, empecé a percibir la red.
Empecé a preguntarme ¿qué sucede cuando la voluntad y el deseo no alcanzan para el cambio?; ¿Cómo hacer para intervenir mi estructura de movimiento actual y poder cambiarla?
Por momentos tengo la sensación de que es muy difícil y me voy muy enojada, con la idea de que no puedo, de que es demasiada información para mí. Pero siempre algo subyacente a esa idea me invita a permanecer, a seguir yendo, a no abandonar. Y en esa permanencia y en ese sentirme afectada (porque esa es la sensación que más me sorprende de la propuesta de trabajo, es el sentirme profundamente afectada) está el aprender a escucharme, a sentirme, a percibirme, a tolerarme… a tolerarme. Cada vez que salgo de las clases siento que me voy súper afectada. Muchas veces con ganas de bailar y bailar hasta que mi cuerpo lo disponga, otras veces muy conmovida, otras muy pensativa… nada es igual después de transitar las clases. De repente empieza a suceder y comienzo a soltar el cráneo y a mantener entre abierta la boca y eso empiezo a conectarme directamente con la pelvis. Lo mismo sucede al revés, al activar el perineo y peinarlo hacia riñones, automáticamente empiezo a bostezar. Ahí aparece la red, ahí la siento, la percibo. La famosa red de la que tanto se viene hablando y yo no puedo rastrear hasta que me sucede, hasta que lo pasó por la experiencia.
El método de aprendizaje es a través de la experiencia, no de la conceptualización. Primero se percibe y luego se decodifica. Estructura que también viene a romper mis viejos esquemas.
En cuanto a los miembros inferiores, al pesar isquiones en talones, me libera automáticamente las rodillas y se me liberan las ingles. Esto me quita el dolor de rodillas con el que llegué a las clases, hace ya un año y tres meses. Los focos de trabajo van cambiando, las percepciones se modifican, nada se mantiene igual, solo mi deseo de permanecer y de confiar. Hoy me encuentro trabajando en la idea de totalidad, de las salidas del cuerpo, del buscar por lejos.
Para que mi movimiento esté más conectado, menos disociado. La importancia de descargar peso en movimiento… Abrir los trocánteres para liberar los fémures y abrir los hombros para liberar brazos. Acabo de comprenderme y lo que es arriba es abajo. Tengo la misma tensión en los mismos lugares. Los huesos centrales, la cabeza del fémur y la cabeza del humero, están cerrados. Cambia mi cosmovisión del cuerpo, del movimiento, de la danza y de la vida… Al cambiar las prácticas me vuelvo más disponible, más permeable a los cambios.
Galand, Roxana. (2015). Huellas de otras danzas (testimonios de alumnos). En Naturaleza de la fuerza en el cuerpo y la danza

