Acerca del ejercicio de “soltar”
1 de enero de 2015
Llegué a las clases de danza y alineamiento personalmente buscando una disciplina, una estructura dentro de la libertad del ritmo, algo que me contuviera. Pero encontré en este trabajo la importancia de 'soltar'. Me refiero a esa sensación dual entre relajar la mente y el cuerpo, pero a la vez sin que esto no signifique un abandono. En los ejercicios uno va entendiendo cómo dirigir la fuerza de tal manera que no sea una fuerza bruta, que en definitiva es mucha más fuerza de la que se necesita.
Para llegar a la punta del dedo gordo se necesita enviar la fuerza de tal manera que pase por los distintos lugares del cuerpo y estos lugares no son una línea recta. Tienen baches, montañas, lagos. Entonces lo difícil es conseguir mantener una corriente fluida en el cuerpo. Si se hace más fuerza al tener exceso se escapa para afuera del cuerpo y no se consigue esa sensación de fluidez. Se trata de algo más sutil. Y en mi experiencia eso sólo se consigue relajando cabeza y cuerpo, pero manteniendo la conciencia sobre lo que se está haciendo. También es importante para esto aprender a visualizar el cuerpo, la forma interna y externa. Percibir cómo me ve el otro. La postura que uno tiene muchas veces es la manera en la que me presento al mundo. Recuerdo especialmente el momento en el cual tomé conciencia de mi espalda y de toda la parte posterior, la nuca, los brazos y las piernas. Creo que no estamos acostumbrados a conectarnos con nuestra parte posterior porque al tener la visión siempre para adelante, lo otro queda relegado.
Cuando tuve a mi beba y empecé a hacerle masajes entendí la importancia de mostrarle las sensaciones en todo el cuerpo. De hecho ese contacto global sólo lo experimentamos en la panza o en el agua. El equilibrio, que es algo fundamental en la danza, es parte también de esta sensación integral, ya que no puede existir sin que todo el cuerpo logre reunirse a sí mismo en un momento. Y resulta muy claro cuando se logra. Hay una sensación en el cuerpo que contrariamente a ser forzada, resulta absolutamente liviana. Es como caminar, en donde todo el cuerpo se une en un movimiento armónico en donde el pie que está atrás se conjuga con el brazo que va para adelante. Esta sensación aparece en mí cada vez que la busco y por fuera de la danza. Cuando estoy esperando resolver una situación estresante por ejemplo, la forma más útil para relajarse o para encontrarme conmigo misma resulta simplemente poder pararme sobre la planta de los pies. Es simple pero a la vez contiene todo lo que ya se mencionó: conciencia, visualización, equilibrio y respiración, que es otro eje fundamental.
Yo para lograr esto lo que necesité especialmente fue confianza. Es difícil de explicar, pero es otra manera de decir ‘soltar’ o ‘relajar’, sin perder lo consciente. Y en este sentido quizás sea el parto uno de estos momentos transitados en donde naturalmente mi cuerpo accionó lo aprendido. Tuve cesárea porque rompí bolsa antes de mi fecha y sin contracciones previas ni posteriores. Tampoco me hicieron goteo sino que se resolvió ayudar al nacimiento de la mejor manera posible. Pero eso no significa que no hubo espera, ni esfuerzo mío, de mi beba y de mi cuerpo. Desde que esa gran corriente de agua, que no paraba, salió de mi, sentí que ese era un momento en donde todo en mí tenía que cooperar. Un estanque puede pensarse como un lugar fijo, pero también puede ser un mundo lleno de agua, peces, árboles, frutos, posibilidades.
Galand, Roxana. (2015). Huellas de otras danzas (testimonios de alumnos). En Naturaleza de la fuerza en el cuerpo y la danza

