La sospecha del cuerpo
1 de enero de 2015
Gracias
Encontrar el espiral del cuarto dedo,
dejarlo que se continúe por el resto del cuerpo
sumar el peroné y la cabeza del fémur,
soltar el diafragma para ver mejor
el horizonte entre el cielo y la tierra.
Permitirle al cerebro chorrearse y expandirse
dejarlo que sospeche que todo es posible:
ser hueso,
ser humilde,
ser lo que traba,
ser lo peor sin huir y sin humillar,
ser lo mejor sin aplausos.
Respirar cada pauta,
bailar cada pausa en absoluta quietud,
detener juntando una pierna sobre otra,
aplaudir al músculo tenso hasta que se muera de vergüenza
y su propio calor ruborizado
lo afloje
lo afloje
lo afloje
apoyarme en la pierna de base
y así girar
hacer equilibrio
saltar
cocinar
recordar que la pierna que parece no moverse
se mueve tanto como la otra
llegar hasta los dedos
todos los dedos,
hacerles espacio,
distanciarlos de mi cuerpo.
Dejar que el movimiento respire,
saber que el espiral traspasa este piso y todos,
así es como las piernas se cruzan,
que las piruetas tengan acento,
crestas ilíacas,
soltar el muslo,
dejar que los dedos de los pies salgan al espacio.
Subir el centro para que las líneas de fuerza puedan pasar,
no cortar los brazos,
sincronizar con la música,
terminar cada paso para hacer otro:
los finales de mi cuerpo.
Galand, Roxana. (2015). Huellas de otras danzas (testimonios de alumnos). En Naturaleza de la fuerza en el cuerpo y la danza

